Resulta casi imposible imaginar el mundo moderno sin la existencia del aerosol, ya que desde cosas tan simples como los perfumes, hasta las industrias más especializadas, no podrían funcionar adecuadamente sin la aplicación de productos diversos en forma de aerosol.
El éxito de los aerosoles reside en que pueden ser utilizados de manera simple, limpia y eficiente. Su origen se remonta a principios del siglo XX, evolucionando desde los primeros dispensadores mecánicos hasta las tecnologías presurizadas que conocemos hoy en día.
A lo largo de las décadas, la industria ha perfeccionado tanto los propulsores como las válvulas, permitiendo que productos químicos, lubricantes y recubrimientos se apliquen con precisión quirúrgica, reduciendo desperdicios y mejorando la seguridad en el entorno laboral.